Querido amigo: cuando yo era niño me regalaron un libro de cuentos de Calleja algunos de los cuales todavía recuerdo. Poco a poco me hice un lector más que mediano sin estar sujeto a ningún plan ni de mi familia ni de mi escuela. Ejemplos como el mío debe haber muchos más. De hecho, de las escuelas e institutos salen buenos lectores y puede que suficientes. Si la lectura es una fuente de placer y de conocimiento y teniendo en cuenta que no tenemos planes para crear el hábito del goce sexual o para la contemplación de atardeceres o del mar, ¿cree que es realmente necesario un Plan de lectura en el cole?


En escuelas, institutos, fundaciones, hogares, congresos y medios de comunicación, popes, maestros, bibliotecarios y demás fauna promotora de la lectura atiborran sus discursos de grandes palabras, de chispeantes elogios del verbo escrito; parece que leer es una experiencia libidinosa e intelectualmente excelsa; quien lee es más libre, más feliz, mejor persona; ¡pobres analfabetillos, lo que se pierden!

¡¡¡Placer – lectura – conocimiento!!! ¡Eh aquí el triángulo de oro del siglo XXI! Si leer y saber cada vez más resultan actividades tan gratificantes es absurdo tener que animar a nadie a disfrutar de ellas, estamos de acuerdo.

El problema está en que demasiadas veces en hogares y escuelas los adultos se empeñan en demostrar a hijos y estudiantes que la lectura es un tostón, que no merece la pena y que no tiene nada que hacer frente a la lujuria que provocan el mando a distancia, el móvil, la videoconsola y las revistas del corazón.

Padres, maestros y sociedad en general ofrecen tan constantes y convincentes argumentos en contra de la lectura (por acción u omisión) que lo milagroso es que aún siga saliendo de la enseñanza universitaria algún que otro espécimen amante de los libros.

¿Por qué es necesario en Plan de Lectura y Escritura en la escuela? Daremos tan solo media docena de motivos; dejamos al sentido común del lector el papel de aceptar el reto y encontrar por sí mismo otro buen puñado de razones para planificar.

  1. Compromiso ético: nuestros estudiantes tienen derecho a recibir la mejor formación para poder acceder así en el futuro al mundo del trabajo en las mejores condiciones. La lectura será la herramienta de aprendizaje y enriquecimiento personal que más habrán de emplear y, por tanto, habrán de dominarla con flexibilidad, autonomía y espíritu crítico.
  2. Sin fundamento no hay alimento: por mucho que las materias primas que habitan la escuela –alumnos y estudiantes, libros y otros materiales de lectura- sean de primera calidad, el resultado final dependerá del rigor y la profesionalidad con la que se aúnen esfuerzos, rentabilicen inversiones y optimicen recursos.
  3. El PLEC impide las fugas: de esfuerzos, ilusiones, experiencias, conocimientos, intuiciones y proyectos personales. Estos suelen perderse en el limbo anónimo del desencanto, la incomprensión, la envidia y el corporativismo irresponsable.
  4. El PLEC como vacuna: el mejor antídoto contra el fracaso escolar es el trabajo coordinado, leal y comprometido de todos los agentes del proceso enseñanza/aprendizaje. Uniendo las conocimientos, experiencias y utopías de todos aumentará la calidad de nuestro sistema educativo.
  5. El PLEC es el alma: del desarrollo del currículo porque aporta globalidad, coherencia, verticalidad, corresponsabilidad, evaluación constructiva y constante y convergencia de los pensamientos divergentes.
  6. El PLEC como barniz: como seña de identidad, como expresión del carácter propio del centro, como declaración de intenciones… Al ser un proyecto en el que todos tienen el derecho y la obligación de participar, lo considerarán como algo propio, como una vía de entrada hacia la libre expresión de opiniones, como el tapiz sobre el que desplegar las capacidades y habilidades personales y como lugar de encuentro e intercambio de compromisos y responsabilidades.

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