Nos ha impactado todo el planteamiento del Plan lector, y lo que supone de innovación.Nos parece un proyecto ambicioso y difícil de acometer, pero lo complicado es que nuestros compañeros lo vean igual. Trabajamos en un pequeño centro de la costa malagueña, ¿Qué tipo de motivación nos sugieres? Gracias y saludos.


Una de las ideas que repetimos con frecuencia en la documentación incluida en el PLEC es la absoluta necesidad de que todo el claustro esté implicado en el proyecto. Esto no es una aventura de unos cuantos iluminados, ni la tarea obligada de los profes de Lengua ni la función del bibliotecario. No, todos los maestros de todos los niveles y de todas las áreas curriculares, han de remangarse, ponerse el mono de trabajo, tomar una buena copa de paciencia, compromiso y tolerancia y repetirse en voz alta cada cierto tiempo: “¡Va por vosotros, chicas y chicos!”
 Preguntáis por el tipo de motivación que podéis esgrimir y la respuesta es muy sencilla, aunque para ello deberemos dar un “rodeo elegante” –técnica discursiva cuyo maestro indiscutible fue Borges-. Esperamos ser capaces de acompañaros en dicho paseo sin provocaros confusión.
 Estáis –como la mayoría de los docentes y padres- enfocando mal el tema de la motivación. Siempre creemos y decimos a nuestros alumnos e hijos que “vamos a motivarles”, que “pondremos en marcha tal o cual estrategia de motivación”… y esa perspectiva es errónea porque la motivación es una pulsión íntima que brota en el interior de cada individuo y que le lleva a conseguir incentivos que le permiten satisfacer sus necesidades o deseos.
Sin embargo, cuando vosotras me habláis de que tenéis que “motivar al profesorado” (o cuando la maestra le dice a un padre: “Tenemos que motivar a tu hija”), está pensando en motivar como un verbo transitivo, es decir, para vosotras la motivación sería algo así como la acción que lleváis a cabo para impulsar o arrastrar a otro hacia la acción que os interesa que éste emprenda.
 Pero, muy al contrario, la motivación es una fuerza endógena; el maestro, el padre o vosotras como dinamizadoras de un proyecto como el PLEC podréis llevar a cabo una movilización o una incentivación. Una persona no puede motivar a otra, lo que puede hacer es poner las condiciones necesarias para que aquel individuo descubras sus motivaciones, las active y sienta la necesidad o la conveniencia de hacerlo. Expresándolo de un modo gráfico, podemos alabar las virtudes de la nouvelle cusine, la nueva cocina francesa, pero comer o no comer, eso es cosa de cada uno.
 Por tanto, vuestro papel no es motivar a vuestros compañeros de claustro sino tener la habilidad de conocer las motivaciones de cada uno individual (como sujeto autónomo y profesional único) y colectivamente (como miembro de un equipo o de la comunidad educativa). Desgraciada o afortunadamente ambos tipos de motivaciones suelen ser muy diferentes, bien por idiosincrasia, bien por egoísmo o incluso por inseguridad y falta de autoestima.
En la medida que tengáis ese conocimiento preciso de lo que motiva a cada cual, podréis poneros manos a la obra de tocar las teclas adecuadas para componer una melodía individualizada que haga a cada uno de vuestros compañeros sentirse aludido, convocado en persona, investido como protagonista con poder de opinión y decisión.
 Todo proceso de concepción, desarrollo y mejora de un proyecto genera en los implicados tres tipos de respuesta (por resumir, aunque habría que matizar):
  1. Aquellos que se muestran entusiasmados, colaboradores y dinamizadores del grupo.
  2. Aquellos que desde un principio se oponen a participar y hacen todo lo posible porque la nave innovadora se hunda.
  3. Y un interesante y ambiguo grupo que viene a decir: “Vuestra idea me parece interesante, estoy dispuesto a apoyaros, pero necesito que me orientéis y me facilitéis la incorporación al proyecto porque me falta formación”.
 Analicemos los grupos un poquito más despacio:
 1. Es fundamental no fiarse excesivamente de este optimismo inicial pues –como pasa con los alumnos superdotados- tenemos tendencia a olvidar que a los “mejores”, a los que tiran del carro, también hay que mimarlos y darles el alimento o los “extras” que requieren para no caer en una “anorexia” desmotivada por falta de reconocimiento. ¿Están motivados y dispuestos a todo? Bien, articulemos esa energía, esos deseos y ese potencial creador dándole “fundamento”, orden, disciplina y rigor.
2.     Evitemos el enfrentamiento directo y, sobre todo, público. Demos tiempo al tiempo y hagamos con ellos una tarea individual llena de “habilidad marketinera”, aquello de “el cliente siempre tiene razón”, pero luego le vendo lo que quiero y en el estado que me interesa. Los hechos -más que las palabras-, los pequeños avances, los éxitos modestos que se vayan consiguiendo irán sembrando en “la oposición” la necesidad de ceder poquito a poco porque, en último caso, no se querrán quedar al margen cuando lleguen las evaluaciones positivas y los aplausos de padres y estudiantes.
3.     Estos amigos del “dámelo pelado y luego te ayudaré a cocinar” son relativamente fáciles de movilizar o, más bien, de engatusar. Al principio habrá que darles las cosas hechas, facilitándoles el trabajo (aceptando incluso unos ciertos niveles de “caradura corporativa”), poniendo en su plato sabrosos pescaítos didácticos. En una segunda fase, les mostraremos la forma de manejar la caña con destreza, para lograr que sean ellos quienes pesquen y cocinen sus propias viandas pedagógicas. Y, finalmente, les instaremos –con todo el morro por nuestra parte- a invitarnos a su mesa y a preparar entre todos banquetes exuberantes para nuestros comensales estudiantiles.
En resumen, actuad como en el amor: sutileza, generosidad, compromiso, empatía y dignidad.

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