“Youtuber” es otro más de los nuevos términos que surgen a raíz de la explosión de Internet en esta última década. “Tuitéalo”, “ponlo en tu muro de Facebook”, “etiquétame”, “mándame un Whatsapp”…  Ya estamos acostumbrándonos a que aparezcan (y desaparezcan) en cuestión de meses.

La mayoría de ellos hacen referencia a aplicaciones y portales que han revolucionado industrias enteras. Una de ellas, Youtube -adquirida por Google en su día- ha cambiado la forma en que muchos artistas musicales reciben sus ingresos: si bien antes el dinero les llegaba a través de la venta de álbumes, ahora viene a través del ingreso por publicidad de los anuncios que se muestran en sus vídeos de la plataforma antes de reproducir sus canciones en cuestión.

Hasta aquí bien, es un cambio que lleva años gestándose, que en su día fue doloroso para los ingresos de la industria y para el cual se ha creado poco a poco una regulación.

La música no es solo música, es también música libre de derechos

Pero la industria musical la componen mucho más que los músicos famosos. También hay artistas desconocidos que crean música para videojuegos, anuncios y películas. Y el fenómeno “Youtuber” en este caso ha creado una nueva y enorme demanda de esa música libre de derechos para poder añadirla en sus vídeos, con tal de evitar que los algoritmos automáticos de Youtube -como el llamado Content ID- bloqueen o silencien sus grabaciones por violar algún copyright, tal y como nos explican en SnailArts.

Youtube por lo tanto aceleró el cambio de modelo en la industria musical, pasando del soporte físico (CD’s) a Internet, pero está compensando con creces esa transformación al crear nuevos métodos de monetización e incrementar la demanda que existía anteriormente. Gracias a la informatización existe ahora un control mucho más férreo de lo que se comparte en este tipo de portales y esto limita en sobremanera que los usuarios (en este caso todo el que haya subido algún video a Youtube) “se la juegen” utilizando en ellos música o visuales que no hayan sido creado por ellos mismos o de los cuales no hayan adquirido las licencias pertinentes.

La buena noticia de cara a los usuarios es que, a su vez, Internet ha permitido también globalizar los precios de estas creaciones artísticas, pudiendo adquirir todo lo necesario para hacer un vídeo en condiciones por muy poco dinero. Tanto la industria como los usuarios salen ganando.

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